Despierta a tu verdadera naturaleza

Tú eres conciencia. Ésta es tu verdadera naturaleza, tu esencia. Eres ese espacio vacío y pleno a la vez, completo, luminoso, totalmente abierto. Eres ese espacio imperturbable, inalterable, porque eternamente completo. No puede ser de otra manera. De no ser así, ya no hablaríamos de lo que eres, de lo real, sino más bien de la idea que tienes sobre quién eres. Hablaríamos de lo falso, de lo que en realidad no existe, porque es un sueño, porque es una idea que sólo tiene realidad para quien la sueña.

“Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios.” (Un curso de milagros)

 

“Eres ese espacio imperturbable, inalterable, porque eternamente completo.”

 

Un momento. Retrocedamos. Eres ese espacio imperturbable, inalterable, porque eternamente completo. Imagínate ese espacio como si fuera el espacio de una sala. Ese espacio, esa sala, contiene objetos, personas, te contiene. Ahora ampliemos un poco la visión, imagínate otro espacio más amplio todavía que contiene la sala, un edificio, por ejemplo. Seguimos ampliando. Ahora vemos la zona que contiene el edificio que contiene la sala donde te encuentras sentado en una silla. Desenfocamos todavía más, vemos la ciudad que contiene la zona, el país que contiene la ciudad, el planeta que contiene el país, el sistema solar, la vía láctea, el universo, los multiuniversos. Seguimos ampliando, sin fin. Ese espacio que eres no es en realidad un espacio como el que puedes imaginar, es aespacial.

Ahora volvemos. Enfocamos otra vez. Enfocamos hasta volver a la sala, a ti.

¿Crees que algo puede perturbar ese espacio representado por la sala?

¿Crees que algo puede alterar tu conciencia?

En la sala, se encuentran diversos objetos, personas, una ventana abierta. De repente entra un pájaro por la ventana y nos deleita con su vuelo y su canto.

¿Crees que su vuelo puede alterar el espacio de la sala?

El espacio sigue siendo intacto, impecable. Igual de completo que antes.

¿Crees que el pájaro le ha quitado algo?

¿Le ha quitado quietud?

¿Crees que el pájaro le ha añadido algo?

Tampoco. Esto supondría que algo le faltase.

Ese espacio es completo e inalterable antes de la entrada del pájaro, durante y después. Es pura paz. Es intocable y a la vez abierto a todo, a que lo traspasen de par en par. Eres pura apertura. Tu apertura es tu invulnerabilidad. Tu apertura es tu poder. Cuando te cierras, te contraes, o mejor dicho cuando te sueñas contraído, cerrado, te vives como debilitado, carente de poder, vulnerable. Tu apertura es tu fuerza.

 

“Eres pura apertura. Tu apertura es tu invulnerabilidad. Tu apertura es tu poder.”

 

Si el pájaro, no le ha quitado nada, ni añadido algo al espacio, entonces ¿qué es lo que ha hecho? ¿Cuál ha sido su aporte?

Al manifestarse el pájaro, ha coloreado, vestido el espacio, le ha dado un color, una tonalidad, de la misma manera que las nubes colorean el cielo.

¿Las nubes pueden alterar el cielo?

No, sólo lo colorean. Lo nublan.

El cielo queda intacto, completo, antes, durante y después de la formación de las nubes. Lo manifestado colorea lo no manifestado. El canto del pájaro viste el silencio. El movimiento colorea la quietud.

Lo manifestado, el sonido, el movimiento es la actividad de lo no manifestado, del silencio, de la quietud; es su expresión; y el espacio (lo no manifestado, el silencio, la quietud) es uno con su actividad, su expresión, su manifestación. La conciencia no manifestada es una con la conciencia manifestada. Sólo existe conciencia, y lo único que hay en la sala es conciencia. Sólo veo conciencia. Unidad.

Ahora, en ese movimiento de la quietud, en esa danza de la vida, en esa manifestación de la conciencia, la conciencia ilimitada parece perderse para contraerse en conciencia limitada. En su contracción, en su nacimiento a la forma, la conciencia ha de olvidarse de su naturaleza ilimitada y caer en un profundo letargo. Sólo un sueño puede permitir tal olvido.

El reino se convierte en el mundo.

Del reino nace el mundo.

La conciencia ilimitada se vuelve limitada.

En apariencia. En un sueño.

Danzando, para reconocer la quietud que mora en el movimiento, y finalmente el movimiento que mora en la quietud, para reconocer que movimiento y quietud son uno. Unidad.

Podríamos verlo como el objetivo de una cámara. Tú eres ese espacio totalmente abierto, el objetivo de una cámara totalmente abierto, desenfocado, el gran ojo que lo ve todo, que lo acoge todo. Esa total apertura es paz. En su movimiento para manifestarse, el gran ojo aparentemente se contrae, el objetivo empieza a enfocar, algo. Nace el dos. Nacen el sujeto y el objeto. La conciencia se contrae, se vuelve aparentemente limitada. Esa contracción, esa limitación, no es real, es más bien una idea de contracción, de limitación que se proyecta, pero no importa porque tú ya lo vives como muy real. Tú ya te sueñas limitado, y esto es la ilusión.

Nace el mundo con sus reglas de juego. Todo se basa en la idea de que hay límite, falta, estás separado, limitado, necesitado. Te conviertes en un buscador de esto que eres. Has olvidado tu verdadera naturaleza, estás soñando. El sueño es la actividad de la conciencia. Te conviertes en un buscador, en busca de tu verdadera naturaleza. La regla fundamental aquí es “busca, pero no halles”. Cuando buscas, no ves. No ves porque buscas. No ves porque sueñas. No ves porque consideras que has perdido, que no tienes, que no eres.

 

“Cuando buscas, no ves.”

 

La búsqueda cesa cuando reconozco que soy lo que quiero. En ese reconocimiento, mi verdadera naturaleza se hace evidente.

Marie-Laure Lauvray

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