Iluminando mi contexto

Todos buscamos lo mismo. Buscamos ser felices. ¿Será que no lo somos?

¿Qué es lo que queremos vivir? Seamos conscientes o no de ello, queremos vivir la felicidad, la complitud, paz. Queremos ser lo que somos. Queremos ser felicidad, complitud, paz. Queremos lo que somos. En el fondo, nos estamos buscando a nosotros mismos. ¿Por qué es tan difícil ser lo que somos?

Pero, si yo quiero lo que SOY, si yo me estoy buscando a mí mismo, ¿será que somos dos? ¿Quién es ese yo que se busca a sí mismo? ¿Quién es ese yo que busca? ¿Quién es ese YO mismo?

¿Será que hay un yo que no se conoce, inconsciente, falso, que no es? ¡Un impostor! ¿Será que hay un YO esencial, verdadero, que sí es? Ya se ve el juego. Un yo deseando ser YO sin querer serlo, porque si lo fuera dejaría de “existir”. Un yo deseando ser YO sin poder serlo, porque es cuando yo ceso de ser yo que YO SOY. Un yo, una idea falsa de mí mismo/a, basada en la falta, que quiere seguir vivo y que emprende la búsqueda, como su mejor arma para no hallar, para seguir buscando y mantenerse, convencido de que quiere/puede encontrarse. ¡Que lio! Deseo vivir la complitud, negándome la complitud, y no me doy cuenta.

Todos buscamos lo mismo. Todos buscamos.

Si yo busco es porque considero que no tengo, que me falta. Y esta idea de carencia es lo falso, la ilusión, el velo que me impide verme de verdad. Es imposible encontrar si parto de la idea de que me falta. De hecho, no se trata de encontrar porque tampoco se trata de buscar. Sólo es cuestión de verme, de descubrirme de mis propios límites, de reconocer que ya tengo, que ya soy.

La estrategia, “tragedia” es siempre la misma. Buscamos llenarnos desde afuera, como si fuéramos un pozo sin fondo, de objetos, actividades, sensaciones, experiencias, relaciones, que se supone nos harán felices. Nuestras acciones están al servicio de llenar ese vacío. Hacer, hacer, hacer, sin parar. “No, no pares. Este momento es muy incómodo.” Buscamos llenar nuestro vacío, nuestra añoranza de nosotros mismos. Creemos que el mundo nos puede dar y también quitar. Si bien estos objetos nos pueden aliviar un rato, la felicidad que nos aportan es efímera y relativa. Si tu alegría está causada por algo, desaparecerá. Queremos que dure para siempre, que sea eterna, tenemos sed de eternidad, queremos más, así que pasamos al siguiente objeto, a nuestro siguiente deseo, MÁS, MEJOR, LUEGO. Queremos eternidad y sólo lo eterno nos puede satisfacer. Queremos eternidad desde lo temporal y llenándonos de temporalidad, esto no funciona. Nunca es suficiente. FUERA y LUEGO: dos coordenadas de la misma estrategia que ocurren a la vez. Esta parte de mí que quiere paz mañana no se está dando cuenta de que me está quitando la paz ahora.

Caemos en una huida hacia adelante, evitando lo que queremos, este instante, sentir lo que hay dentro de mí ahora mismo. “No, esto no, esto tampoco, no lo quiero sentir, no lo quiero ver, más adelante será como quiero que sea.” La felicidad aplazada. Insatisfacción asegurada. “¡Despierta!”

Seré feliz cuando haya conseguido esta situación laboral, este estatus, fama, dedicarme a esto o lo otro, una casa, una pareja, etc., iluminarme, en fin, satisfacer mis deseos.

“Para. Piénsalo un momento. ¿Crees que algo externo a ti te puede completar? ¿Crees que tu contexto te puede iluminar? ¿Crees que serás feliz cuando tengas una pareja, la pareja que te corresponde? ¿Es realmente la pareja lo que deseas o la felicidad que ésta te traerá?” Tú quieres lo que eres: felicidad. ¡Dejemos de engañarnos!

¡Que fácil es caer en la tentación! La tentación de la ilusión, de la falta. Un juego. La manifestación. La manifestación es un juego. ¡Todo bien! Los niños juegan y ¿qué? Lo no manifestado manifestándose. La magia de la Vida. Lo no manifestado entrelazándose con lo manifestado, impregnando lo manifestado. Sólo veo conciencia. Todo es conciencia, en su naturaleza no manifestada y en su forma manifestada. Sólo conciencia en el horizonte. No veo nada más, y a la vez es TODO. COMPLETO. ¡Maravilloso!

Cuando entendemos que los objetos puramente materiales no pueden satisfacernos de forma permanente, éstos se van sutilizando, hasta convertir la liberación misma en el último objeto de nuestro deseo. La desesperación por liberarse. “No puedo más con tanto sufrimiento.”

Pensamos que nuestra felicidad depende de nuestro contexto, y este es el error. Pensamos que nuestro contexto nos puede iluminar. ¡Es al revés! YO ILUMINO MI CONTEXTO. La CONCIENCIA que soy ilumina mi mundo. “YO SOY LA LUZ DEL MUNDO.” [Un curso de milagros]

Yo soy eterno, imperturbable, completo más allá de cualquier experiencia, antes, durante y después de cualquier experiencia, independientemente del contexto en el que me encuentro.

La búsqueda cesa cuando reconozco que SOY lo que quiero.

Marie-Laure Lauvray

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